Gran Canaria en la edad del hielo

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Juanjo Jiménez    Es el año 1694 y en el punto más alto de la Cumbre un grupo de piqueros excava por orden del Cabildo Catedral de Canarias un considerable agujero en la tierra que se convierte en el Pozo de las Nieves, el primer nevero de Gran Canaria.

Hasta cinco años después, en 1699, que es cuando se construye el segundo, también conocido como pozo pequeño, es el único lugar de la isla que provee de hielo a la población en un mundo sin frigoríficos, lo que hacía de esta sustancia en latitudes del subtrópico una singular e impactante rareza de otro planeta. Tanta que el propio Aureliano Buendía, el del Macondo de Gabriel García Márquez, recordaba en el fundamental momento de trasponer, justo enfrente del pelotón de fusilamiento, “aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Cada invierno de nieve decenas de peones, unos dentro del pozo, los pisoneros, y otros fuera, llenaban los dos pozos cumbreros para luego ir troceando la mercancía. Cargada en serones, abrigada en mantas y paja, era transportada por los arrieros en monturas para ser depositada unas seis horas después de arduo camino cuesta abajo en el otro nevero, el que construyó el Cabildo en la propia Catedral. Desde allí se distribuía, una parte para los prebendados, y otra para su venta a la calle.

El hielo, que a veces empataba vivo de un invierno a otro, era remedio contra las fiebres del cólera, para calmar las meningitis, aliviar roturas, destuerzos, aflojar cuerdas encaramadas y bajar las hinchazones, además de golosina edulcorada en zumo.

Salvador Miranda Calderín, probablemente el mayor doctor en la historia del hielo en Canarias y parte de ultramar, ilustra en el mismo terreno que andurriaron los arrieros sobre la primitiva industria del hielo gracias a unas rutas organizadas por el club de montaña Neophron que culminaron este sábado en el nevero catedralicio, tras celebrarse el pasado 4 de mayo la primera etapa desde la cumbre a Santa Brígida.

Este segundo tramo, que comenzó en el Monte Lentiscal, pasaró por Tafira, Casa del Gallo, Guiniguada, Pico Viento, San Roque finalizando en Vegueta y se realiza con la colaboración de, entre otros, Manolo Cardona, Juan José Laforet y el propio Cabildo, aliñada por unas jugosas paradas para coger resuello y empaparse de la fresca historia de los neveros.

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