El ocio de los verdugos

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Cuando no exterminaban, mataban el tiempo. Los miembros de las SS destinados a vigilar los campos de concentración y de exterminio nazis llevaban una existencia bastante agradable muy alejada del horror, el sufrimiento y la miseria que imponían a sus víctimas en esos mismos recintos infernales. En los campos disponían de entretenimientos y los SS no se privaban de nada. Disponían de discos y gramófonos, mesas de pimpón y hasta piscinas (como en Dachau). Las bibliotecas estaban bien surtidas (en el sentido nazi). Aunque nos pueda parecer sorprendente, la de guardián de campo hitleriano no era mala vida, si tenías estómago y carecías de escrúpulos, claro. Lo explica en un libro sorprendente y lleno de revelaciones el reconocido historiador francés Fabrice D’Almeida (1963), que por cierto es sobrino de Roland Topor.Recursos inhumanos(Alianza) es el título de esta obra insólita que pone sobre el tapete de la moderna historiografía la inquietante cuestión de la vida privada, el ocio y los pequeños placeres de los verdugos. (Saber más)

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